Joana Galera, jefa clínica de la Sección de Ginecología del Hospital, alerta de que este tumor ginecológico a menudo se diagnostica tarde porque las primeras señales pueden pasar desapercibidas para la paciente
El cáncer de ovario es una de las enfermedades oncológicas ginecológicas con mayor impacto porque a menudo se detecta en fases avanzadas, cuando las opciones de tratamiento son más complejas. Los síntomas iniciales suelen ser poco específicos, lo que dificulta un diagnóstico precoz.
Joana Galera, jefa clínica de la Sección de Ginecología del Hospital Universitario Joan XXIII y responsable de la Unidad Territorial Oncológica Ginecológica, explica que este tipo de tumor es conocido como un “cáncer silencioso” porque las primeras señales pueden pasar desapercibidas o confundirse con otras patologías.
Entre los síntomas más habituales se encuentran el dolor abdominal, la distensión o hinchazón abdominal y el malestar persistente durante semanas o meses. Ante estas señales, especialmente si se mantienen en el tiempo, es recomendable consultar con profesionales sanitarios para realizar una valoración.
Galera recuerda que el pronóstico es mucho más favorable cuando la enfermedad se detecta en estadios iniciales. En cambio, cuando el diagnóstico llega en fases avanzadas, la supervivencia disminuye de forma significativa. El riesgo de desarrollar cáncer de ovario aumenta con la edad, especialmente en mujeres posmenopáusicas.
La Unidad Territorial Oncológica Ginecológica, creada en 2015 con la colaboración entre el Hospital Joan XXIII y el Hospital de Sant Pau i Santa Tecla, ofrece una atención especializada a las pacientes con cáncer ginecológico. En el caso del cáncer de ovario, los casos se valoran de manera individualizada para planificar cirugías complejas y personalizadas, con la participación coordinada de profesionales de diferentes especialidades como Ginecología, Cirugía General o Urología.

