Cuando hablamos de tecnología en salud, no hablamos solo de dispositivos sofisticados, sino de sistemas, alertas y herramientas que reducen riesgos y refuerzan la seguridad clínica.
Eva Ferreres y Alejandro Juárez, facultativos del Servicio de Anestesiología y Reanimación del Hospital Universitario Joan XXIII, y Pedro José Perales, residente del Servicio, han compartido en las Jornadas SENSAR-SEDAR de Seguridad del Paciente tres iniciativas con un mismo hilo conductor: utilizar herramientas tecnológicas para reducir la variabilidad y reforzar la seguridad en la atención anestesiológica.
🔹 Transferencia quirófano – Unidad de Críticos – Postquirúrgico
Las transiciones asistenciales son momentos especialmente vulnerables: cambian los equipos, el espacio y la responsabilidad. Tras analizar incidentes reales, se implantó una checklist integrada en el sistema informático que estructura el traspaso: aviso previo a la UCI, confirmación de la presencia de todo el equipo, revisión sistemática de complicaciones, medicación y pruebas pendientes, y comunicación en bucle cerrado.
En dos años, con más de 1.300 ingresos analizados, se han consolidado mejoras en indicadores clave del proceso.
🔹 Alertas específicas en miastenia gravis
En patologías poco frecuentes, el riesgo no es tanto la falta de conocimiento como la falta de recordatorio en el momento crítico. A raíz de un caso clínico, se incorporaron alertas automáticas vinculadas al diagnóstico y avisos en el sistema de prescripción para evitar fármacos contraindicados, además de integrar recomendaciones específicas en el circuito preoperatorio.
La tecnología actúa aquí como apoyo al criterio clínico y reduce el riesgo en situaciones de alta complejidad.
🔹 Revisión digitalizada de los carros de anestesia (PROSP-CAT)
Mediante listas de verificación estandarizadas registradas en plataforma, se revisan medicación, material y dispositivos antes de su uso.
En 2025 se realizaron 4.541 revisiones, y se pudo subsanar el 5,55% de las incidencias detectadas antes de que impactaran en el paciente.
Tres experiencias diferentes, un mismo enfoque: analizar incidentes, estandarizar procesos, incorporar soporte tecnológico y generar datos para mejorar. La tecnología, bien aplicada, no sustituye el criterio clínico. Lo refuerza, lo sistematiza y contribuye a una cultura de mejora continua que se construye día a día, también compartiendo experiencias en espacios profesionales.

